martes, 1 de abril de 2014

"DE SACAPUNTAS Y SACAPUNTOS" (FRAGMENTO, "DESDE EL POTERO", CICCUS, 2014)



"_ ¡Y sí, este día tenía que llegar! - dijo “el Tano” confirmando un viejo presagio, mientras se metía ensimismado en la tapicería de su viejo amigo- . Cómo no iba a llegar. O todavía nos vamos a hacer los inocentones que nos levantamos una mañana, impresionados por lo que ocurre y sentimos que quedamos en pelotas. Y hablamos del fútbol, donde las acciones que se producen se relacionan directamente con la vida misma, afectándola.
_ Ya sé que vos me venís diciendo hace rato que el fútbol cambió, vos sos un adelantado te digo siempre a las carcajadas, y que cambió para mal. Que estos tipos son los fusibles, unos kamikazes que van al muere por una causa que ya no se maneja con códigos. Y en parte te la creo esa, sin embargo, sostengo a raja tabla que todo es más complicado. Te la hago clara: estamos asistiendo a una descomposición general de nuestro fútbol, intencional por cierto. Se va todo a la remísmisima mierda, y a nadie le calienta nada de nadie ni de nada, y en el quilombo, la ganancia es de un puñado de rufianes..."  

lunes, 17 de marzo de 2014

"MADE IN TAIWÁN" (FRAGMENTO, "DESDE EL POTRERO", CICCUS, 2014)


"Parado a sesenta metros todavía no lo puedo creer. Sesenta metros… Algo así como 127 pasos, calculando al voleo. Miro hasta allá, me miro los pies y sí, pasos más pasos menos, la distancia es esa desde esta esquina. Sigo las líneas blancas pintadas una al lado de la otra en  la estación de GNC, los autos que las atropellan, que entran y salen. Sin bajar la vista, se me presenta intacta la imagen de aquel caminito de piedras en punta y con pasto hecho en la vereda pelada que hoy es parte de la avenida, por el que yo encaraba perfilando la zurda y sacando el tiro cruzado que apuntaba a la ratonera del arquero, con final dispar para aquel deseo. Dos o tres piques malos sobre los adoquines desparejos, la vista en la bocha y en el momento justo darle con el alma bien sobre el empeine. Los cordones que se estremecen contra el cuero de la redonda y mi mirada insolente en la búsqueda que la bocha no doble ni se desvíe para terminar con destino de gol.
La estación de servicio incrustada en esta esquina, en la esquina de casa, vino a voltear quince años de niñez y adolescencia que empiezo a recordar. Y cada día, intenta comerse un poco más del disco duro que almacena situaciones propias de la infancia, que por más que muchas veces, o casi siempre, parece que todos vivimos las mismas escenas, con iguales orígenes, personajes e idéntico desenlace; siempre hay algo de singular que sólo cada uno rescata y que no se reproduce nunca.
Pero el día de mi entrada a una especie de salón de la fama barrial estuvo marcado por acción de terceros. Y esos terceros aunque muy cercanos, fueron mis viejos cuando me regalaron esa pelota número cinco. Cómo no recordarla. Negrita la guacha, media brillosa, con gajos intercalados de color fucsia. Sí, fucsia. La mayoría me cargaba y chicaneaba por el color, pero al final todos se rindieron ante esa rara belleza. Para completarla, tenía la inscripción en blanco cerca del pico que decía “made in Taiwán”, lo que le daba el status internacional. Divina la verdad, con un golpe singular. Seco para salir como una bala. No me acuerdo si me la habían dado para una fecha en especial o si había sido la primera pelota en llegar a mis manos. Calculo que no. Sin embargo, la recuerdo como la más simbólica, como uno de los recuerdos más patentes de la infancia..."

jueves, 13 de marzo de 2014

"EL DE AFUERA" (FRAGMENTO, "DESDE EL POTRERO", CICCUS, 2014)


"La ruta de la pelota no muere solamente en un once contra once y una terna arbitral, permeable o no. En perder, empatar o ganar. En medir la vida, o el deporte, en este caso, como una desenfrenada carrera que sólo admite éxitos y destierra a los que no ganan siempre, o nunca. Para nada termina allí. Igual tendríamos que dedicarle un debate intercontinental, o, una madrugada entera de copas en la barra de un club, para definir qué significa ganar. Y humildemente, me niego de manera rotunda a creer que todo inicie en ese punto: en ganar. Porque previamente a ello, hay kilómetros de momentos, frases, fotos y hasta jugadas que no se pueden vaticinar. Adivinar que pueden cobrar vida. Y marcarnos para siempre.  

Como aquella tarde, cuando su viejo estaba agrandado, orgulloso o satisfecho. O un poco de todo. No sé muy bien qué sensación lo recorría. Reía, mejor dicho, sonreía. Mucho. Largo. Y con la casaca puesta, esa que le revoleó su pibe por encima del alambrado en aquella final del año que definía de local jugando para un equipo del interior de la provincia de Buenos Aires, luego de ganar el clausura, y perdieron 3 a 1 sin merecer mucho más.
El tipo, el padre, camina bien a su modo. Desaprendido, libre, buscando la última vida diaria del sol. Mira fijo al pibe. Sin lagrimear. Quizás queriendo, pero él no es de ese estilo. Lo mira y le hace caras, porque veía su expresión y estoy seguro recordaba cómo el pibe puteaba, y le decía de los exististas, demagogos, que le palmeaban el lomo con el puñal en el bolsillo, o lo insultaban amparados en la impunidad que se cultiva en la masividad de la tribuna. El volante que venía de afuera, no era nacido ahí, los veía a esos y los tenía junados uno por uno. Como también distinguía a los leales de siempre. A su gente. A los que nunca lo dejaron solo. A los que aguantaron en el barco hasta cuando dio varias 'vueltas de campana'..."

martes, 11 de marzo de 2014

"UN ANCHO DE AQUÉLLOS" (FRAGMENTO, "DESDE EL POTRERO", CICCUS, 2014)


"Todavía no recuerdo cuando fue la última vez que lo vi jugar. Bah, sí me acuerdo. Nos ayudó un sábado a completar nueve tipos, en el equipo que había conformado yo con los chicos amigos y algunos ex compañeros de la liga. Estábamos desarmados y a las apuradas como siempre, y nos creíamos un cúmulo de estrellitas intocables e inalcanzables. Encima jugábamos con el mejor del torneo, que para peor, tenía muchachos militando en categorías de ascenso del fútbol italiano y argentino. Y él, con todo su desprendimiento tan característico, se calzó la seis bañada en colores rojos y negros y fue el mejor de nosotros. Dando treinta años de ventaja y en zapatillas. ¡En zapatillas! Un fenómeno.
Pero si bien, esa debe ser la última vez que lo observé pegándole con la derecha para arriba lanzando nuestra única contra del partido, que dicho sea de paso, perdimos dos a uno sólo por su épica resistencia en defensa; y lo sentí repetidamente retándome porque yo rezongaba a los cuatro vientos y desaparecía de la continuidad del juego, ese no refiere para mi razón su último acto en una cancha. Desde la acción sí. No desde lo simbólico. Desde el hecho que mis emociones presionan e intimidan para que yo traiga al presente.
Mi viejo, había integrado equipos en torneos barriales durante su juventud. Nunca le pregunté si había despuntado el vicio en infantiles de algún club. Es más, sobre su infancia pocas veces le he preguntado algo. Eso quizás ha sido un desacierto de mi parte. Si sé, que de joven ingresó como empleado bancario y allí inició una gruesa carrera hasta jubilarse con todos los honores. Ese día también lo llevo patentado entre mis ideas..." 

viernes, 28 de febrero de 2014

EN UN TOQUE... 2° LIBRO: " DESDE EL POTRERO"


LUEGO DE TRANSPIRAR LA CAMISETA, MASTICAR LA JUGADA  Y BUSCAR SIN DUDAR LA DEFINICIÓN DE ESTE LARGO PARTIDO, LLEGA EL 1° LIBRO DE CUENTOS DE FÚTBOL QUE CRUZA AL MEDIO HISTORIAS DEL BARRIO Y DE LA VIDA.

PRÓLOGO Y CONTRATAPA DE LOS PERIODISTAS ARIEL SCHER ‎Y EZEQUIEL FERNÁNDEZ MOORES, RESPECTIVAMENTE.

PUBLICADO POR EDITORIAL CICCUS, MARZO 2014 

PEDÍ EL TUYO AL AUTOR O POR MEDIO DE  http://www.ciccus.org.ar/ed 

martes, 4 de febrero de 2014

TESIS, 1° LIBRO: "La simbología de Ernesto Che Guevara". Análisis de la construcción de la identidad de los jóvenes en el uso de la simbología












"En los últimos años la figura de Ernesto Che Guevara se encuentra en la mayoría de los espacios públicos. La imagen de su rostro acompaña consignas políticas en carteles publicitarios, se halla impreso en las remeras de los jóvenes, adorna graffitis y es materia de difusión de diversas marcas. Como otras tantas mercancías que han invadido la vía pública, el símbolo de este icono se convirtió en un objeto de intercambio monetario, como cualquier otra publicidad. Las razones y los por qué quedan expuestos en esta investigación como así también varios interrogantes necesarios para entender el fenómeno. Por caso: ¿Cuál es el desenvolvimiento de los jóvenes ante el fenómeno de la exposición de uno de los íconos revolucionarios más importantes de Latinoamérica? ¿Qué apropiación realizan para la construcción de identidad? y ¿Qué conocimiento exacto tienen estos acerca del Che? En este estudio, además, se analizó el papel estratégico de los medios de comunicación acerca de la conformación del mito del Che y sus efectos. En suma, gracias a este trabajo Ud. podrá explorar y conocer un poco más de la obra de Ernesto Guevara, tan vigente y necesaria, no sólo para los jóvenes del siglo XXI".

Autores: Ezequiel Coria-Ignacio Damiani

Director: Profesor Guillermo Quinteros

Publicado por Editorial Académica Española 17-05-2011
https://www.eae-publishing.com/catalog/details/store/us/book/978-3-8443-3805-8/la-simbología-de-ernesto-che-guevara?search=che 

sábado, 14 de agosto de 2010

Terminando de hibernar


Y sí, algún día tenía que volver. O no. Bah, mejor no me pongo a decir lo primero que me venga a la cabeza, o las frases hechas, porque voy a escribir seis palabras más y pongo punto final.

Después de un año de dilatada y necesaria ausencia, retorné. Luego de mis líneas hacia mi Tanya, dije que no iba a expresarme más, y lo hice. A medias. Y es raro, porqué no soy de la especie que se queda a media agua, con medias tintas o con términos medios. pero en este caso, excepcional como su existencia, soporté más de 300 días sin expresarme. Ganas no me faltaban. Por dónde canalizar, por dónde tirar alguna bombita.

Sin embargo, la necesidad nos vence. Siempre nos vence. Quién puede callar. Enmudecer. Tragarse sus propias verdades, o las mentiras ajenas. O viceversa. Debí decir primero viceversa.
Todos decimos y todos callamos. La formalidad nos hace querer encajar, entrar, quedar bien con todos. Mostrarnos impolutos, sin mancha, místicos, mitológicos. Creemos que un "destino manifiesto", divino, designa nuestro ser, nuestro halo inalcanzable. Creemos que un montón de excentricidades define nuestras terribles fatalidades, o nuestros efímeros triunfos. Nos creemos más de lo que somos, por más que lo explicitemos o no. El ego no escapa a nadie. Desde la psicología o desde las noches en el barrio. Est ahí. Calmo pero presente. Acecha y alimenta. Se relaja y se contrae, pero nunca desaparece.
Es como un eterno sistema de retroalimentación, que guarda un resto que produce más. Inacabable. Inabarcable. Inapelable. Insonsable.
El egocentrismo está siempre. Se lo tapa, se lo reprime, se los carga en hombros ajenos y tercericados. Raramente se lo reconoce. Siempre se lo reconoce en otros, siempre lo reconoceMOS en otros.
Y cuando nos cae el dedo señalador, el teatro. La obra maestra por la cual el ego se termina de expandir. De fundar.
La victimización, la demagogia discursiva que nos exonera de un ego que no desea morigeraciones. "¿Yo?"... "Sí, vos"... Las acusaciones al viento a los otros, a los fiscales sociales que nos etiquetan de delirantes, psiquiátricos. De locos. El otro, los otros, tienen la culpa de nuevo. La tenían antes, la tienen ahora. Y la van a seguir teniendo.
Y ahí el sistema se cierra para volverse a bifurcar en sus polaridades más nefastas, pero necesarias. Sin el ego, cómo ir y venir en la nebulosa anímica. Cómo triunfar y emularnos sin percibir comparación con materia viva alguna, y destronarnos por la derrota, estrepitarnos al calvario, al séptimo infierno. O caernos en ae cielo, paladeando la derrota con la euforia, con el éxtasis que nunca reconoce la caída, el perder una vez.
Sin el ego cómo seguir. Sino estamos acostumbrados a no nombrarlo, o a no pensarlo. Sino sabemos cómo regodearnos sino lo apretamos entre los dientes, sino lo elaboramos en las neuronas. Sino sabemos vivir sin ver qué mierda le pasa al otro. Cómo carajo está pasando su vidad.
Esperamos el error para fustigarlo. Esperamos la victoria para socavarlo. Para decirle, "es lo que tenías que hacer", "era lo esperable". Aguantamos hasta tenerlo ahí, medio liquidado para fusilarlo y calificarlo de timorato, tibio, laxo, dubitativo, pasivo, irresoluto.
Somos una especie jodida, más cuando nos queremos excluir de algo a lo cual no hay exilio. Ni pssicoanálisis, ni las pastillas que maquillan. Ni el llanto reiterado y gastado, que calma pero aviva. Ni las risas hilarantes disfrazadas de tragedia interna. Ni las muecas hurañas molidas por el dolor. Nada nos evita sentirlo. Nada.

Inconexos si los hay, este desfasado relato pretensioso de ser un escueto análisis socio-personal, es la vuelta a la escritura. El retorno a la expresión. Por eso la rabia, por eso la fuerza y la desorientación.

Así habría que escribir. Sin sentido. Ni estructuras. Ni formatos. Ni formalidades. Directo al pecho, a la cabeza. Sin violencia pero iracundo. Siempre iracundo.
El optimismo brilla por su ausencia en estas líneas. Ven, ahí la frase cliché para el cierre. Un cierre esperable.

Si el ego no envicia, ¿esto qué es?